Karuta

Siempre me han aburrido los juegos de carta, por eso me sorprende tanto la fascinación que ejerce sobre mi el Karuta desde que lo he visto a través de los ojos de Chihaya  y sus compañeros (Chihayafuru). Parece que en vez de estar ante un aburrido juego de cartas están viviendo una auténtica batalla  llena de epicidad e inteligencia… Y es que es sorprendente que más que un simple juego se le considere un verdadero deporte.

El karuta es un juego de cartas donde se enfrentan dos jugadores. Una tercera persona (que puede reemplazarse actualmente con reproductores de sonido) saca una carta de su mazo y lee la primera línea de poemas provenientes de la literatura japonesa. La idea básica es ser capaz de determinar rápidamente qué carta es la indicada, dentro de un grupo de cartas, y luego tomarla antes que lo haga el oponente.

Para jugar karuta se necesitan dos clases de cartas, una de ellas es la yomifuda o «cartas de lectura» y la otra es la torifuda o «cartas para agarrar». Una carta yomifuda es leída y los jugadores deben encontrar su torifuda asociada antes de que alguien más lo haga. También es posible jugar este juego utilizando dos barajas estándar de naipes.La palabra viene del portugués y significa “carta”, según japonismo podemos encontrar muchas temáticas de karuta, pero entre las más populares están las uta-karuta y las iroha-karuta. En el primer juego de cartas, los jugadores intentan encontrar los últimos dos versos de un poema tanka después de haber leído los tres primeros versos. El segundo juego de cartas es apto para cualquier persona que sepa leer el silabario hiragana y consiste de cartas para coger con una sílaba kana y un dibujo de algo que empieza con esa sílaba y cartas para leer con un proverbio que tiene que ver con el dibujo del kana.

En Chihayafuru podemos ver la importancia de una buena memoria (lo que me impide de plano jugar al Karuta) y los buenos reflejos (y no sólo mentales, o si no, fijaros bien en cómo la Queen de Chihayafuru supera la velocidad de la luz en sus movimientos).

Sea como sea, resulta interesante. Especialmente la visión que tiene Kana-chan, una amante de la mitología y la Historia japonesa, y que encuentra una manera de disfrutar de esa “extraña” pasión mediante el Karuta.

A mi me parece una fantástica idea para conseguir que los niños se familiaricen con la Historia de su país y a la vez vayan cogiéndole el gusto a la poesía, algo que cuesta sudor y lágrimas a la mayoría de los profesores de Literatura (al menos de éste país). En El lapicero mágico podéis encontrar una salida fantástica al Karuta enfocado a un público infantil y Occidental.

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